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Alemania sufrió ayer en Austria su segunda derrota consecutiva en menos de tres meses. Tras caer ante Brasil a finales de marzo, el actual campeón del mundo dejó, a solo dos semanas de debutar en Rusia, una de sus versiones más apáticas en cuanto a ritmo, ocasiones y aptitud (que también actitud) tras cada pérdida. Tres de las consignas que, de un tiempo –ya lejano- a esta parte, han marcado consecuentemente el recorrido del conjunto germano hasta nuestros días. Porque todo ello fue lo que Alemania perdió, sin saber bien cómo ni cuándo, en la visita a su compatriota Franco Foda. Y para muestra, un botón: Austria, con menos de la mitad (36%) de balón que su rival, ganó rematando casi el doble de veces (14-8).
Sin Kroos disponible para este encuentro, Löw reorganizó el plan dando entrada a Gündogan al lado izquierdo de Khedira. Con el bloque muy arriba, con Süle y Rüdiger pisando al otro lado de la circunferencia, el futbolista del Manchester City se adueñó, por acotar un poco el tiempo, de tres cuartas partes de la primera mitad. Durante ese lapso, Alemania se pareció a la Alemania que todo el mundo se imagina en el próximo Mundial: control, pases tensos, mucha movilidad, una fuerte presión tras pérdida y una retahíla de ocasiones que, sin ir más lejos, acabó con Özil anotando el primero de una tarde que auguró, por momentos, malos presagios para los Prodl, Lainer, Baumgartlinger y compañía. Un augurio que se extendió hasta que Alaba –carrilero- y Arnautovic detectaron la baja autoestima alemana para recuperar cerca del área de Manuel Neuer.
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Profundizando en este buen ratito que brindó Alemania, Gündogan hizo todo tipo de méritos para que su nombre monopolizara, en caso de victoria, todas las portadas del día después. Se ofreció constantemente para recibir, girar y ordenar, moviendo el esférico de un lado hacia el otro, a sus otros nueve compañeros en torno a su pie derecho. Algo que hizo desde el centro, soltando así a Khedira a desplegar su fútbol unos metros más arriba; y algo más abierto hacia el lado izquierdo, desde donde construyó, con Hector arriba –y Sané, en consecuencia, más liberado para acercarse hacia la frontal-, una constante conexión con los movimientos (abajo-arriba y arriba-abajo) de Özil entre las líneas austriacas. Unos momentos de confort, con una Alemania autócrata en cuanto al tiempo y el espacio, que señalaron, además de a Gündogan, una serie de (buenos) detalles personificados en Kimmich, Brandt, Özil y Sané.
Austria, que ya había avisado varias veces antes del descanso, aprovechó la incertidumbre germana (cuando Löw sacó a Gündogan del campo), para golpear con rotundidad sobre la portería de Neuer.
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Foda, a decir verdad, cambió muy pocas cosas a la vuelta de vestuarios. En un 3-4-2-1 con el esférico, la presencia de Schöpf por detrás de Arnautovic escenificó un panorama de lo más dubitativo en el centro de la zaga alemana. Süle, Rüdiger y Hector, por abrir un inciso, no destacan precisamente por su pericia a la hora de usar la cadera, ni para desplazarse ni girar, y eso es lo que Austria, que llegó varias veces hasta línea de fondo para servir el pase atrás, probó a poner en evidencia. Algo que, visto de otra forma, dado lo mucho (y muy bien) que debió emplearse Neuer en reiteradas ocasiones, dio luz a otro detalle. El capitán germano está de vuelta.