El Madrid de este Mes

A pesar de su magnífico desempeño en ambas Supercopas, al Real Madrid de Zinedine Zidane le está costando arrancar con autoridad la temporada liguera. Algo que, desde luego, no es nada nuevo. En las últimos tres temporadas, el conjunto blanco ha sumado siempre 15 puntos de 21 en los siete primeros partidos de Liga. En el caso del partido de ayer, ante el sugerente Levante UD de Muñiz, la falta de tensión competitiva merengue, física o mental, pero siempre traducido en la falta de ideas y en un llamativo desacierto técnico por venir de jugadores como Marcelo o Kroos, fue la gran constante de un encuentro que varió a partir de la altura defensiva granota.
La idea inicial de Muñiz fue mantener ese bloque medio en el que los centrocampistas van saltando a presionar a centrocampistas y defensas rivales. Un escenario que aprovechó más que nadie un Jefferson Lerma que, mientras ahogaba a Marco Asensio, confirmó que ya no es el futbolista extremadamente desordenado que era cuando abandonó la Primera División hace dos temporadas. El colombiano, que ayer completó un notable partido como interior derecho y no como mediocentro, fue la última causa del casi inexistente juego interior blanco. Con Isco en el banquillo, Benzema obligado a marcharse antes de tiempo, Kroos acusando esa falta de tensión ya mencionada y Marcelo desenchufado como extremo, en una posición que sólo sirvió para que Theo mostrara su velocidad punta al Bernabéu, el trabajo para el Levante resultaba muy sencillo.
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Al menos hasta que Ramos hizo acto de presencia. El capitán del Real volvió a asumir con muchísima convicción, pero sobre todo con muchísimo sentido, el timón de su equipo. Reclamó el balón, levantó la cabeza y comenzó a encontrar a Lucas o Carvajal muy abiertos. Estos envíos, al igual que los de Marcelo a Theo, giraban a la defensa granota por culpa de la mala coordinación de sus laterales, que siempre rompían el fuera de juego, pero luego eran fácilmente abortados en el área pequeña por Raúl, Pier, Chema o Postigo. Otra cosa fue, claro, cuando a quién Ramos comenzaba a buscar y encontrar era a Gareth Bale. Porque esto sí sonaba a gol.
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A partir de este movimiento, el Real Madrid comenzó a arrinconar al Levante. No es que mejorara Kroos o apareciera Marco Asensio, pero colectivamente ganó bastante continuidad. Y con continuidad, el Madrid, hasta en sus días más grises, siempre suele encontrar el camino hacia la victoria. De ahí que la sustitución de Llorente sorprendiera incluso antes de comprobar su resultado, que desde luego no fue bueno. El mediocentro estaba siendo la otra gran clave de esta mejoría en el juego gracias a sus constantes robos, los cuales facilitaban y aceleraban el posterior ataque. Su marcha, por tanto, además de frenar la inercia puso el foco en los problemas que estaba teniendo el Madrid para gestionar, crear y concretar.

La decisión de Muñiz de replegar totalmente para así desactivar la forma en la que el Real Madrid le estaba dañando, es decir, para desactivar a un Gareth Bale incapaz de socorrer a su equipo, terminó por cerrar el encuentro.